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¿Cuántas sesiones necesita una terapia?

Por el Dr. Juan Manuel Antúnez · Doctor en Psicología (PhD) y profesor de la Universidad de Málaga

Es la primera pregunta que me hace casi todo el mundo, normalmente antes incluso de contarme qué le pasa. Y se entiende: nadie quiere meterse en algo que no sabe cuándo termina.

Te respondo de entrada y luego te explico por qué.

En mi consulta, la mayoría de los tratamientos se resuelven en torno a cinco sesiones, repartidas a lo largo de unos tres meses.

No son cinco semanas seguidas: son cinco encuentros espaciados, con tiempo entre medias para que las cosas pasen.

Por qué tan pocas

Aquí está el malentendido más común. La gente asume que una terapia corta es una terapia superficial, o que el psicólogo tiene prisa. No es eso.

Trabajo con modelos que fueron diseñados para ser breves. No es que yo los acelere: es que nacieron así.

La terapia centrada en soluciones, la terapia estratégica, la sistémica o la narrativa comparten una idea que las separa del psicoanálisis clásico: para resolver un problema no hace falta entender de dónde viene. Hace falta entender qué lo mantiene hoy.

Es una diferencia enorme. Reconstruir tu infancia puede llevar años. Identificar qué estás haciendo ahora, sin darte cuenta, que impide que el problema se resuelva, se hace en una o dos sesiones. Y a partir de ahí el trabajo es otro: probar, comprobar y ajustar.

Por eso no me interesa tanto tu pasado como lo que ya has intentado. Casi siempre, lo que mantiene un problema no es su origen, sino la solución equivocada que se lleva años aplicando con toda la buena intención del mundo.

Por qué las sesiones se espacian

Al principio nos vemos con más frecuencia. Después, cada vez menos.

No es por comodidad ni por agenda: es parte del tratamiento. Lo que cambia las cosas no ocurre en mi consulta, ocurre en tu vida entre una sesión y la siguiente. Si nos viéramos todas las semanas durante meses, no te daría tiempo a comprobar nada.

Espaciar tiene además una función que me importa mucho: que compruebes que puedes solo. Si cada vez necesitas menos, es que vamos bien. Si terminas necesitando venir siempre, algo hemos hecho mal.

Mi objetivo declarado es que dejes de necesitarme lo antes posible. No creo en las terapias eternas.

Cuando el obstáculo deja de estar fuera

Hay una pregunta que hago mucho en consulta: ¿cuándo fue la última vez que lo intentaste de verdad? Muy a menudo la respuesta es «hace años». Y detrás de eso hay bastante más que desánimo: hay cincuenta años de investigación que lo explican.

Se llama indefensión aprendida, y la describió Martin Seligman en los años sesenta. Cuando alguien intenta resolver algo varias veces y fracasa, deja de intentarlo. Y sigue sin intentarlo aunque las condiciones hayan cambiado y ahora sí pudiera. El obstáculo dejó de estar fuera y pasó a estar en la expectativa.

Esto lo veo en consulta constantemente. Personas perfectamente capaces convencidas de que su problema no tiene solución, no porque no la tenga, sino porque lo intentaron con las herramientas que tenían entonces y no funcionó.

Buena parte de mi trabajo consiste exactamente en eso: separar los obstáculos que siguen ahí de los que solo siguen en la expectativa.

Cuándo hacen falta más sesiones

No te voy a vender que todo se arregla en cinco sesiones, porque no es verdad.

Hay situaciones que requieren un tratamiento más largo: trastornos graves, cuadros que llevan mucho tiempo instalados, situaciones donde hay riesgo, o casos que necesitan coordinación con psiquiatría. También hay personas que, después de resolver lo que las trajo, deciden seguir trabajando en otra cosa. Eso es una decisión legítima, no una recaída.

Lo que sí puedo decirte es que lo sabrás pronto. En las dos primeras sesiones tendrás una idea clara de qué estamos haciendo, cuánto puede llevar y si esto te sirve. Si a las dos sesiones no sabes eso, tienes derecho a preguntarlo. Y si la respuesta no te convence, tienes derecho a irte.

Lo que significa en dinero

Conviene hacer la cuenta completa, porque casi nadie la hace.

Una terapia cuesta lo que cuesta la sesión multiplicado por el número de sesiones. Comparar precios por sesión, sin mirar cuántas van a hacer falta, es como comparar el precio de un billete sin mirar a dónde va.

Un tratamiento de cinco sesiones a cien euros son quinientos euros en total. Una terapia más barata por sesión que se alarga veinte o treinta sesiones cuesta bastante más, y consume mucho más de tu tiempo y de tu paciencia.

Pregunta siempre por el total estimado, no por el precio de la sesión. A cualquier psicólogo, no solo a mí.

Cómo saber si estás avanzando

Tres señales, y sirven con cualquier terapeuta:

  • Notas cambios fuera de la consulta. No basta con salir de la sesión sintiéndote comprendido: tiene que pasar algo distinto en tu semana.
  • Sabes qué estáis haciendo y por qué. Si no entiendes el plan, no hay plan o no te lo han explicado.
  • Cada vez necesitas menos. Una terapia que funciona se va apagando sola.

Si quieres empezar

Trabajo online y llevo yo personalmente todos los casos: no hay equipo rotativo ni te van a asignar a nadie.

Antes de la primera sesión hablamos unos minutos por teléfono, sin coste. En esa llamada te explico cómo trabajo y me cuentas qué quieres conseguir, para asegurarme de que puedo ayudarte precisamente en eso. Si creo que no soy la persona indicada, te lo diré y te orientaré hacia quien lo sea.

Juan Manuel Antúnez Vílchez es Doctor en Psicología (PhD) y profesor de la Universidad de Málaga (Nº Col. AO-09283). Trabaja desde los modelos sistémico, estratégico, centrado en soluciones, narrativo y de aceptación y compromiso (ACT).

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