Es una de las dudas más frecuentes antes de empezar, y es lógica. Uno se imagina la terapia como una habitación, dos sillones y una caja de pañuelos, y una videollamada parece una versión rebajada de eso. Te cuento lo que dice la investigación, qué cambia de verdad y en qué casos el formato sí importa.
Lo que dice la evidencia
La terapia por videollamada no es un invento de la pandemia. Se estudia desde hace más de veinte años; lo que pasó en 2020 es que, de golpe, miles de terapeutas y pacientes empezaron a hacerla y los estudios se multiplicaron.
Hay dos metaanálisis de 2021 que lo resumen bien. El de Batastini y su equipo reunió 43 estudios sobre resultados del tratamiento, con más de 4.300 pacientes, y concluyó que los efectos de la terapia por videollamada eran, en conjunto, equivalentes a los de la presencial. El de Fernandez y su equipo comparó 47 estudios entre los dos formatos y encontró una diferencia insignificante; la mejoría era especialmente clara en ansiedad, depresión y estrés postraumático.
Conviene decirlo con honestidad: equivalente no significa idéntico. Significa que, en conjunto, no se ha podido demostrar que una modalidad sea mejor que la otra. Los propios autores avisan de que todavía hay pocos ensayos aleatorizados y de que muchos estudios informan mal de sus métodos. Y lo que predice que una terapia funcione sigue siendo lo de siempre: la relación con el terapeuta, que el método tenga respaldo y que la persona haga algo distinto entre sesión y sesión.
Por qué encaja con mi forma de trabajar
Trabajo con un enfoque sistémico y estratégico, y con terapia de aceptación y compromiso. Son terapias focalizadas, en las que la sesión es una parte pequeña del tratamiento y lo que pasa entre sesiones es la parte grande. Para eso el formato importa poco: hace falta poder hablar con calma durante una hora y, después, salir a vivir y a probar cosas.
Lo que sí cambia
Cambian tres cosas, y ninguna es la eficacia.
La logística. No hay trayecto, ni aparcamiento, ni sala de espera. Parece un detalle y no lo es: mantener una hora fija cada semana con desplazamiento es difícil. En la Costa del Sol, con la A-7 de por medio y trabajos de temporada, más todavía.
La continuidad. Si viajas, te mudas o pasas parte del año fuera, el proceso sigue con el mismo terapeuta. Con una consulta física, eso se rompe.
La intimidad. En una ciudad pequeña, entrar en la consulta de un psicólogo es cruzarte con gente. Desde casa no te cruzas con nadie. Y en parejas o familias, que cada uno se conecte desde donde esté permite sesiones que en un despacho serían difíciles: padres separados que viven en municipios distintos o un hijo que estudia fuera.
Cuándo no es la primera opción
Hay situaciones en las que el formato online no es lo indicado, o no lo es sin más apoyos:
- Cuando hay riesgo para la propia vida o para otras personas. Ahí lo prioritario es una atención presencial y, si hace falta, urgente: el 024 (atención a la conducta suicida) y el 112 están para eso.
- Cuando no hay un espacio donde hablar sin que te oigan. La terapia necesita intimidad; si en casa no la tienes, hay que buscar otra solución antes de empezar.
- Cuando hace falta una evaluación que exige presencia física, o un trastorno grave necesita coordinación estrecha con otros profesionales.
Por eso, antes de la primera sesión hablamos por teléfono. En esos diez minutos me cuentas qué te pasa y vemos juntos si este formato es el adecuado. Si no lo es, te lo digo y te oriento hacia quien pueda ayudarte.
Qué necesitas para que funcione
Muy poco: una hora en la que nadie te interrumpa, un sitio donde puedas hablar con normalidad y una conexión que aguante una videollamada. Un ordenador es más cómodo que un móvil, pero el móvil sirve. Y lo que más importa no es técnico: llegar con ganas de que algo cambie y probar entre sesiones lo que hayamos acordado.
Si te queda la duda, es normal. La forma de despejarla no es leer más: es hablarlo. Diez minutos por teléfono, sin coste ni compromiso. Más sobre la consulta online desde Marbella.
Los estudios que menciono
- Batastini, A. B., Paprzycki, P., Jones, A. C. T. & MacLean, N. (2021). Are videoconferenced mental and behavioral health services just as good as in-person? A meta-analysis of a fast-growing practice. Clinical Psychology Review, 83, 101944.
- Fernandez, E., Woldgabreal, Y., Day, A., Pham, T., Gleich, B. & Aboujaoude, E. (2021). Live psychotherapy by video versus in-person: A meta-analysis of efficacy and its relationship to types and targets of treatment. Clinical Psychology & Psychotherapy, 28(6), 1535–1549.